domingo, 24 de junio de 2012

Las Alas de Ángel


Un reloj marcaba las 11:54, era un reloj de bolsillo, de agujas de plata y de diseño élfico. Estaba conectado a una serie de conexiones de cable trenzado de cobre, que a su vez se unían a un zumbador de fósforo y a una docena de cartuchos de nitroglicerina. Un explosivo delicadamente preparado para explotar en menos de cinco minutos.

Balquon era un görn concienzudo y tradicional, como la mayoría de los de su raza, además albergaba un profundo odio a todo lo relacionado con la nueva estructura de gobierno de Ansalance. Acababa de colgar el explosivo de un gancho, la máquina de control vital de Agentes iba a ser destruida y con ella media docena más. La sala estaba parcialmente a oscuras, la lámpara iluminaba tan solo una pequeña parte, pero Balquon no necesitaba ver más, aquella cápsula era especial, por lo menos para él, sabía que en su interior se encontraba Morgarn Smithson, su operador especialista Yhm. 

Había llegado hasta aquí para salvarle del funesto destino que se cernía sobre él, moriría, pero de esa forma no se convertiría en aquello que ambos odiaban. No había demasiado tiempo para contemplaciones, Balquon estaba a punto de marcharse, pero quiso mirar una vez más el rostro de Morgarn, que expresaba una mueca de dolor permanente, como si ya estuviera muerto.El görn murmuró una oración apenas audible y se marchó de la sala sin pensárselo, sin volver la vista atrás.

Mientras corría por los pasillos del aerobuque recordó muchas de las aventuras vividas junto a aquel humano de Penitence que sin duda ya había desaparecido de aquel cuerpo. Intentó mantener la compostura, pero unas lágrimas brotaron de los ojos del görn, sabía que todo aquello iba a saltar por los aires y que jamás volvería a verle, lo que le provocaba un profundo dolor. Había buscado durante meses la ubicación de este aerobuque, incluso tenía la esperanza de que no le hubieran inoculado Praxinia, pero había llegado tarde, algo que también pesaba en su conciencia. Ahora había llegado el momento de abandonar el aerobuque...

Se trataba de un aerobuque dotado de cristales gravitatorios Yhm, sin tripulación, sin vigilancia, sellado con el fin de no permitir el acceso a nadie hasta que el proceso de conversión haya finalizado. Habitualmente estos aerobuques eran utilizados como almacenes flotantes que eran arrastrados fuera del espacio aéreo del país y donde se dejaban hasta que llegaba el momento de la "cosecha" tal y como Morgarn y Balquon hacían referencia a ese acto tan vil. Él había llegado hasta aquí tras un largo viaje en el interior de un tanque de repuestos, lo consideró la única forma segura de llegar hasta Morgarn y cumplir la promesa que se hicieron cuando empezaron a cazar Agentes.

Llegó hasta la escotilla por la cual se vertían los deshechos al mar, la abrió y un golpe de aire gélido revolvió su espesa barba, debía estar a unos dos mil metros de altura, desde ahí podía ver el mar y las costas escarpadas de New Astoria, había estado preparándose para ese momento y se sentía apesadumbrado pese a todo, pero lo había hecho, ahora debía montar las "alas de ángel" y saltar al vacío. El complejo aparato estaba preparado para ser activado, se ajustó las correas que colgaban de su mochila y se ajustó la máscara respiratoria. Tomó aire y se lanzó de cabeza al vacío, el viento le golpeaba con fuerza, a través de la máscara podía escuchar como el aire frío silbaba a la vez que todo lo demás parecía carecer de importancia. Contó hasta siete y tiró de la correa de su cintura, las alas se desplegaron al instante y las correas le apretaron con fuerza, su velocidad de descenso disminuyó bruscamente.

Todo ocurrió muy rápido, giró sobre si mismo y tomó los mandos de las alas mientras miraba hacia arriba, el aerobuque no estaba tan lejos como pensaba, pero eso ya no importaba. Balquon tuvo la sensación que todo quedaba en silencio, posteriormente vio explotar una de las cubiertas y como a consecuencia el resto del nivel ardía rápidamente. Había cumplido con su promesa, Morgarn ya no se convertiría en un Agente, tampoco volvería a pensar como antes, ahora había logrado hacer crecer su coraje y su odio había conseguido calar muy dentro, en ese momento de relativa paz tomó una decisión.

Dedicaría su vida a sabotear y destuir plantas de gestación, todo lo que debía hacer era encontrar los medios necesarios y un equipo que tuviera sus mismas ambiciones. No era difícil, sabía perfectamente que muchos sabían la verdad atroz que se escondía tras la "X" de los Agentes del Gobierno...




Ilustración by Malo: malosart.blogspot.com.es

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